Libres, dicen

Dolid@s por la discriminación. Pero seguimos.

Somos libres. Lo dice la Constitución y lo dice cualquiera. Hasta que alguien con un cargo se entera de cómo vivimos. Entonces se cierra la puerta, sin más explicación.

No importa que much@s de sus clientes sean swingers. No importa que en su propia oficina haya más no monógam@s de los que creen. No importa que seamos muchos más de lo que se imaginan.

El lado oscuro tiene mejores vistas de las que creen.
El lado oscuro tiene mejores vistas de las que creen.

¿Y qué hacemos nosotr@s? Lo mismo que todo el mundo. Vivir, salir, conocer gente adulta y verificada que ha elegido cómo quiere querer. Con respeto y con discreción. La única diferencia es que no lo escondemos. Y eso es lo que molesta: no lo que pasa, sino que se sepa.

Si además dices la palabra «swinger», ya ni consultan. Se cierra sola.

Ese es el lado oscuro de una sociedad que se cree moderna. No prohíbe ni discute. Sonríe y luego veta.

Y sin embargo la ley está de nuestro lado. El artículo 14 de la Constitución, el artículo 10 y la Ley 15/2022 de igualdad de trato prohíben negar un servicio por una circunstancia personal. Vivir en no monogamia entre adultos es exactamente eso. Legal. Privado. Nuestro.

Duele cada vez. Pero no cambia quiénes somos.

Quizá toca dejar de pedir permiso y decirlo: orgullo no monógamo. Sin gritar. Sin escondernos. Y cuando cierren una puerta, preguntar: ¿en base a qué?

Verificamos personas, no gustos. Ojalá el resto hiciera lo mismo.

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