El 26 de agosto un pueblo de Valencia volverá a ser la postal que da la vuelta al mundo: miles de personas lanzándose tomates en mitad de la calle. Nadie pedirá explicaciones. Cambia esa escena por un grupo de adult@s que ha negociado antes qué se hace, qué no y cómo se para, y la misma sociedad saca el diccionario de la sospecha.

El caos es patrimonio; el acuerdo, sospecha
No hace falta describirlo mucho. Un pueblo se llena, llegan camiones, la gente se lanza comida durante una hora y sale en los informativos de medio planeta. Las instituciones lo promocionan, las agencias venden paquetes, los medios lo cuentan con simpatía. Romper las normas en grupo, a la vista de todos, es cultura popular y es negocio.
Hay una condición tácita en ese permiso social: la transgresión vale si es pública, ruidosa y asexuada. En el momento en que la libertad incluye el cuerpo, el deseo y un acuerdo entre personas adultas, el relato cambia de género. Deja de ser tradición y pasa a ser escándalo.
Compara las dos escenas con honestidad. En una hay alcohol, empujones, cero negociación previa y nadie ha firmado nada. En la otra hay reglas escritas, identidad verificada, límites dichos en voz alta y una palabra que lo detiene todo. Solo una de las dos se considera peligrosa, y no es la que tiene protocolo.
Lo que se aprueba y lo que se declara
El estereotipo dice que quienes practicamos la no monogamia ética somos gente inestable, incapaz de comprometerse. Los datos públicos dicen otra cosa, y dicen algo más interesante todavía: dicen que casi nadie lo declara y que casi la mitad lo aprueba.
Declaran tener una relación abierta y practicar el poliamor, respectivamente. El 96,9 % declara relación monógama.
CIS · «Percepción social del amor» · 5.007 entrevistas · trabajo de campo 22-30 enero 2026 · publicado 4 marzo 2026
Se declara a favor de mantener relaciones sexuales fuera de la pareja, y cree posible tener dos o más relaciones afectivosexuales a la vez.
CIS · «Relaciones sociales y afectivas pospandemia (III)» · publicada 12 abril 2023
Entre lo que se aprueba en una encuesta anónima y lo que se declara como propio hay una distancia enorme. Esa distancia no la explica el deseo. La explica el precio de decirlo en voz alta: en la mesa de una cena familiar, en un despacho, en un grupo de padres y madres del colegio.
El mismo mecanismo que aplaude el desorden colectivo en la calle penaliza el orden negociado en casa. Y el resultado es una cifra oficial que mide el miedo tanto como mide la práctica.
Posesión contra acuerdo
El problema no es la monogamia. La monogamia elegida es una decisión respetable y la mayoría de la gente vive feliz en ella. El problema es que se presenta como la única forma válida de querer, y que todo lo demás se explica como patología o como fase.
En el modelo heredado, la fidelidad se entiende como exclusión: no toques a nadie más porque me perteneces. En el modelo consensuado, la fidelidad se entiende como cumplimiento de lo pactado: respetamos el acuerdo porque nos importa la otra persona. Una cosa se parece a la propiedad. La otra se parece al cuidado.
Conviene recordar quién ha llegado tarde a esta conversación. Desde el 3 de abril de 2025, la Ley Orgánica 1/2025 obliga a intentar un medio adecuado de solución de controversias —mediación, conciliación, negociación asistida— antes de presentar demanda en la vía civil, divorcios incluidos. El Estado ha concluido, con décadas de retraso, que sentarse a negociar antes de romper ahorra dolor, tiempo y dinero. Negociar antes es, literalmente, el método.
La investigación no sostiene el estereotipo
La revisión de David L. Rodrigues publicada en 2024 en Archives of Sexual Behavior se dedica exactamente a esta contradicción: la distancia entre cómo se ve socialmente la no monogamia consensuada y cómo la viven quienes están en ella. Su conclusión es que el funcionamiento y la calidad de esas relaciones son comparables —cuando no superiores— a los de las relaciones monógamas, y que aun así quienes las practican soportan una presión sostenida que acaba interiorizándose.
Traducido: el problema medible no es la estructura de la relación. Es el estigma que la rodea. No somos más promiscu@s. Somos más explícit@s, y eso incomoda más que el sexo.
En OPEN te verificas una sola vez y después eliges qué quieres: leer, cruzarte con gente, venir a algo o no venir a nada. Nadie te pide identidad de grupo. Solo que seas quien dices ser y respetes las normas.
Nadie tiene que pedir permiso
Somos madres, padres, profesionales, vecin@s y contribuyentes. Nuestras familias no salen en los anuncios de detergente y funcionan; en muchos casos funcionan mejor que las que se disfrazan de normales mientras sostienen silencios, mentiras de conveniencia y resentimiento administrado durante años.
La próxima vez que veas una fiesta donde el desorden es el espectáculo, hazte la pregunta entera: ¿por qué esa transgresión es cultura y un acuerdo escrito entre adult@s es escándalo? La respuesta no está en quienes lo practican. Está en un paradigma que confunde la posesión con el amor y el secreto con la moral.
OPEN no pide que nadie celebre nada. Tampoco discute con quien no ha leído. Sigue.
OPEN
Fuentes: CIS, «Percepción social del amor» (4 marzo 2026) · CIS, «Relaciones sociales y afectivas pospandemia (III)» (12 abril 2023) · Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, en vigor desde el 3 de abril de 2025 · Rodrigues, D. L. (2024), «A Narrative Review of the Dichotomy Between the Social Views of Non-Monogamy and the Experiences of Consensual Non-Monogamous People», Archives of Sexual Behavior 53(3), 931-940.




