«Ella sale encantada y yo salgo con una sensación rara. No lo he pasado mal, pero tampoco he sentido lo que se supone que tengo que sentir. Me pregunto si estoy ahí solo por ella.»
Puede significar tres cosas distintas y conviene no quedarse con la primera.
Una: que el formato no es el tuyo, pero el fondo sí. Mucha gente que lo pasa regular en una fiesta grande está perfectamente a gusto en un plan de cuatro personas en una casa.
Dos: que estás haciendo de acompañante. Si tu papel de la noche es vigilar que ella esté bien, no estás participando, estás trabajando. Eso no lo disfruta nadie.
Tres: que no es para ti. Que es una respuesta legítima y no te convierte en el aburrido de la pareja.
La pregunta que lo aclara casi siempre: si ella no estuviera, ¿irías? Contéstala en privado y sin adornos. Y dile la respuesta, aunque sea incómoda: seguir yendo por no decepcionarla es la forma más segura de acabar odiando todo esto.
LA EXPERIENCIA OPEN — se ve rápido quién está de acompañante: es quien no se separa de la barra vigilando que su pareja esté bien. No pasa nada por descubrirlo, pero conviene decirlo antes de la tercera vez: el que va de escolta acaba echándole en cara a su pareja algo que nunca dijo.
Sigue: la experiencia de OPEN y lo que responde la comunidad
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