Mi mujer me ha propuesto ir a un local de intercambio y no sé qué contestar

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Esta pregunta llega a la casa una y otra vez, con distintas palabras. La abrimos aquí para responderla en abierto.

«Llevamos catorce años juntos. El otro día me dijo, medio en broma medio en serio, que le apetecía ir a un local de intercambio. No supe qué cara poner. No sé si me lo dice porque le falta algo, si es una prueba, o si de verdad le apetece y ya está. Tampoco sé si quiero ir. ¿Qué se contesta a eso?»

Lo primero: que te lo proponga no significa que le falte algo contigo. Quien lo dice suele llevar meses dándole vueltas y lo suelta medio en broma porque tiene miedo de tu cara. Esa broma es una puerta, no una trampa.

Lo segundo: no tienes que contestar hoy. Las dos peores respuestas son el sí por miedo a perderla y el no seco por susto. Las dos se pagan más tarde.

Lo que sí funciona: preguntarle qué se imagina exactamente. «Local de intercambio» no significa lo mismo para dos personas. Hay quien quiere mirar, quien quiere que la miren, y quien lo que quiere de verdad es salir de casa contigo y volver hablando de otra cosa. Cuando lo concreto sale a la luz casi siempre asusta menos que la palabra.

Y lo tercero, que es lo que casi nadie cuenta: se puede ir solo a mirar. Se entra, se toma algo, se observa y se va uno cuando quiere. Dentro no hay que decidir nada. Mucha gente no hace nada la primera noche y no pasa absolutamente nada.

LA EXPERIENCIA OPEN — la escena que más se repite en la puerta es esta: entran dos y solo uno lo ha decidido de verdad. Se nota en cinco minutos. Por eso lo primero que decimos es que no hay que hacer nada: se entra, se mira, se habla y uno se va cuando quiere.

Sigue: la experiencia de OPEN y lo que responde la comunidad

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