«Trabajo de cara al público en una ciudad pequeña. La idea me atrae, pero la posibilidad de cruzarme con un cliente o de que una foto acabe donde no debe me frena del todo.»
Es la duda más repetida de todas y no tiene nada de exagerada. Se cuida en tres capas.
Lo que subes: una foto de perfil sin cara reconocible, sin tatuajes identificables y sin el salón de tu casa detrás. Nada de fotos que ya existan en tus redes: una búsqueda por imagen las cruza en segundos.
Lo que dices: el nombre real, el barrio exacto y el sitio donde trabajas son tres datos que juntos identifican a cualquiera. Por separado no dicen nada; juntos lo dicen todo.
Dónde estás: en un sitio serio no se hacen fotos. Y si alguien las hace, es motivo de expulsión, no una travesura.
Y lo que casi nadie piensa: si te cruzas con un conocido dentro, esa persona tiene exactamente el mismo problema que tú. Ese día se saluda con la cabeza y no pasa nada más.
LA EXPERIENCIA OPEN — es la primera pregunta que nos hacen, en la puerta y por mensaje. Por eso aquí no se hacen fotos, el perfil no obliga a enseñar la cara y la verificación de identidad la ve el equipo, no el resto de la gente. Y sí: cruzarse con conocidos pasa, y quien te ve tiene exactamente el mismo interés que tú en que no se cuente.
Sigue: la experiencia de OPEN y lo que responde la comunidad
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